Apenas se cerró la puerta detrás de la señora Johnson y el silencio cómodo de la casa volvió a adueñarse del ambiente, solté un largo suspiro, como si recién en ese momento el peso de la tarde empezara a aflojarse sobre mis hombros. Colgué el bolso en el perchero de madera oscura junto a la entrada y deslicé los dedos por la correa gastada, dudando antes de soltarla, como si pudiera protegerme de algo invisible.
La casa olía a una mezcla suave de lavanda, madera encerada y lluvia. Afuera, las g