Desayuno y conversación.
Me despertó el inconfundible aroma a café recién hecho flotando en el aire. Por un instante, tardé en ubicarme. Ya no había truenos, ni ventanas sacudiéndose por la fuerza del viento. Solo una llovizna constante y fina resbalando por el cristal empañado, distorsionando la vista del bosque allá afuera.
Me incorporé despacio, sintiendo el tacto suave de una sudadera contra mi piel. Fruncí el ceño. No recordaba haberme puesto eso. Miré las mangas largas, casi cubriendo mis manos, y los pantalones