Capítulo 8. La maldad hecha carne
Después de llegar a la empresa, Alejandro miró a Carolina y le dijo que esta vez no lo acompañara a la hacienda, como solía hacerlo desde la muerte de su esposa. Pues quería que se quedara en la oficina para encargarse de todo allí y mantenerlo informado de lo que ocurriera en su ausencia.
Carolina, al escuchar esas palabras, apretó los dientes con rabia. Solo cálmate un poco, cuenta hasta diez, se dijo a sí misma. Tras terminar su pequeña terapia mental, lo miró con una expresión cargada de mie