Finalmente, Madison regresó a casa, temiendo que el hombre la interrogue o, por accidente, busque en su cartera alguna evidencia de que ella le está siendo infiel y descubra lo del embarazo. Arnaldo ya estaba desesperado por su tardanza, pero su orgullo no le permitía hacerle una maldita llamada y preguntar si en realidad se encuentra bien o tan siquiera para comentarle que está muy celoso de que ella esté fuera de casa con otro hombre.
—¿Ya te sientes mejor? Espero que hayas tomado tu medicame