El señor Simón Ferreira estaba lleno de rabia, el esposo de su hija le había desgraciado la infancia a la nieta de su más fiel trabajador en el área de seguridad. No sabía cómo darle la noticia a este, su cara se caía de la vergüenza y la sed de muerte hacia su maldito yerno rondaba en sus venas.
Ese mismo día le dijo a su fiel empleado que había decidido no enviar a la cárcel a su yerno y que tampoco se daría parte a las autoridades, ya que sería un gran escándalo y en el futuro afectaría a la