Arnaldo se quedó helado, su teléfono se deslizó de sus manos y estuvo a punto de caer.
—¿Cómo que a mis hijos los han secuestrado? —dijo Arnaldo, sintiendo cómo un sudor frío recorría su cuerpo y sus venas hervían por la furia que le ha provocado saber esa lamentable noticia.
—Será mejor que vengas a la casa lo antes posible y aquí veas quién es la que se los llevó. Con lo poco que me había comentado la doctora Madison desde hace tiempo, creo que tú eres el único que puede dar con el paradero d