Madison se molestó con los estúpidos reclamos del hombre, colgó la llamada dejándolo con la intriga de no saber con quién es que ella y el pequeño Josué saldrán de paseo el día de mañana.
—¿Será que hay otro hombre aparte del maldito del restaurante? —se pregunta a sí mismo.
Madison sonrió y retomó el camino hasta la habitación de la señora, su supuesta madre.
—¿Cómo está tu mamá? —preguntó a la joven Margaret, quien, según sus sospechas, debe de ser su hermana —¿ya no le ha seguido doliendo la