Por la noche, como de costumbre, Arnaldo llegó a casa. Zayda salió a recibirlo cuando vio estacionar el auto, todo lo hacía como si ella fuera la esposa. Se quejó con el hombre, puso en mal a Madison al decir que la había obligado a hacer el desayuno y que todos los quehaceres de la casa también la obligaron a hacerlo, aduciendo que ella era la esposa y por ende tomaba las decisiones en el hogar.
—Arnaldo, me duele horrible la espalda y el vientre. Tú sabes que yo no debería esforzarme porque n