Arnaldo escuchó con atención lo que su esposa estaba diciendo, esas palabras le han calado en lo profundo de su corazón, pero no… él es demasiado orgulloso.
—No me importa lo que tú pienses. No voy a discutir nada al respecto cuando todo ha quedado claro para mí.
—Claro, a tus ojos la mala siempre seré yo—lamentó.
—Madison, solo quiero pedirte de buenas maneras que respetes a Zayda y que no la obligues a hacer los quehaceres de la casa. Ella está muy mal, he visto los exámenes médicos y esos lo