Las copas empezaban a vaciarse y los platos ya habían sido retirados en casi toda la mesa. Las conversaciones entre los miembros del comité se diluían hacia otros grupos: saludos, propuestas, algún elogio por las ponencias.
Julie seguía sentada, con los cubiertos intactos. El plato, casi lleno.
Sean lo notó.
Pero lo que no vio fue la cara de Emily un minuto antes, cuando le susurraba a Julie:
—No puedes seguir sin comer. No estás sola, ¿recuerdas?
Julie había respondido con una mirada tensa, culpable, pero no dijo más.
Ahora los cuatro permanecían en la mesa: Julie, Sean, Emily y Luca.
Los demás ya rondaban el salón con copas en mano y sonrisas de evento.
Emily se giró hacia Luca.
Como si lo hubieran ensayado.
Solo compartieron una mirada cómplice y enseguida ella se levantó.
—Voy por otra bebida. Algo con menos protocolo y más azúcar.
¿Alguien quiere algo?
Julie la miró fijo, casi suplicando.
La mirada decía: _no me dejes aquí_.
Emily sonrió con