La mañana en Berlín despertó con cielo nublado, viento tibio y una ciudad expectante.
En una habitación del Kranzler Palais, Julie abría lentamente el armario mientras Emily se sentaba sobre la cama, tomando café desde una taza de porcelana fina.
—Tienes menos de doce horas para decidir qué cara vas a mostrar esta noche —dijo Emily—. ¿La de diplomática editorial o la de mujer con un corazón hecho pedazos?
Julie sostuvo dos vestidos frente al cuerpo.
Uno rojo intenso, otro negro satina