El Gulfstream brillaba bajo la luz del hangar. El personal de vuelo revisaba los últimos protocolos mientras Sean se apoyaba en el ala, con las manos en los bolsillos del abrigo gris.
Luca se acercó con una carpeta bajo el brazo, mirando el jet como quien observa algo más que acero y motores.
—Cada vez se ve más poderoso —comentó—. Como usted. Va donde le place… y todos lo anuncian.
Sean apenas sonrió.
—El jet sí. Yo no tanto.
Luca sacó su teléfono y buscó algo.
—Sabía que me estaba