El sol apenas se elevaba sobre Noosa cuando Julie descendió al salón principal del hotel con carpeta en mano y gesto decidido. Esa mañana no se trataba de gráficos ni planes. Se trataba de presencia.
Catalina la esperaba allí, con una copa de jugo verde en la mano y su vestido claro perfectamente entallado. Estaba sola. No parecía que hubiera convocado reunión alguna. Solo estaba… posicionada.
Julie caminó hasta ella. No sonrió. Pero tampoco se mostró hostil. Su elegancia era su armadura.
—Cata