El reloj marcaba poco antes de las siete.
La habitación seguía en penumbra, pero Julie ya estaba despierta.
Sentada en la cama, con las piernas cruzadas y la laptop encendida, el brillo del monitor pintándole el rostro con tonos fríos.
La camisa de Sean seguía siendo su única prenda, ahora arrugada por el sueño y por el movimiento.
Revisaba gráficos, textos, y propuestas para la campaña del hotel en Australia.
El proyecto Wilton&Co. requería precisión: reposicionar las experienci