CAPÍTULO 23. No me vas a romper.
Valentina entra cojeando con dificultad a su habitación, usando las muletas. Apenas logra llegar hasta la cama, se deja caer con un suspiro de agotamiento. Con un gesto de rabia, lanza las muletas al suelo y comienza a llorar.
—¡Oh, por Dios! No puedo más —solloza con la voz quebrada—. ¿Hay alguien? ¡Necesito ayuda!
Toma el control remoto y presiona el botón para llamar a una enfermera. Espera… nada. Vuelve a presionar. Nadie acude al llamado.
—¡Valentina! ¿Estás bien? —Ana entra apresurada, pr