Capítulo 10.
—Si. Ahora lo recuerdo—, dijo Celeste, pero sin dejar de tener su mirada fría clavada en Evangeline—, Lo siento hijo. Lo había olvidado.
Lysander comenzó a bajar las escaleras lentamente y las personas empezaron a dispersarse de manera disimulada.
—¿Dónde está la música? ¿No se suponía que ésto es un baile de beneficencia?—, preguntó Lysander—, Porque parece más un circo—, reclamó.
La banda se puso a tocar de inmediato, y en cuestión de segundos, el salón volvió a tener ese ambiente festivo que se esperaba.
—¡Los quiero a todos contribuyendo!—, dijo Lysander tan alto, que todos lo pudieron escuchar, incluso a pesar de la música—, ¡Tenemos que llegar a ésos dos millones de dólares para el bolsillo de mi padre!
Celeste y Alana estaban allí junto a Evangeline. Ambas con la misma expresión de inconformidad en el rostro, y ambas con los brazos cruzados.
—¿Si no quieres un circo...? ¿Para qué traes a una payasa, hermanito?—, preguntó Alana, asegurándose que Evangeline la pudiera oír.