Capítulo 11.
«En la cárcel del condado»
Los padres de Evangeline habían tenido una noche muy dura. El frío era insoportable y la humedad de la celda hacía que fuera casi imposible dormir, mientras tiritaban al borde de la hipotermia.
—Te prometo que vamos a salir de aquí. Aún no entiendo por qué nos permitieron estar juntos, pero me alegro de no estar sola en éste lugar tan horrendo—, dijo la madre de Evangeline, mientras acariciaba el cabello de su esposo.
El padre de Evangeline estaba pálido, y apenas se podía sentir su respiración lenta, casi forzada.
—¿Querido? ¿Estás bien?—, preguntó su esposa al verlo actuar de forma extraña.
Parecía que fuera a vomitar, pero en lugar de expulsar alimentos, comenzó a salir sangre de su boca.
—¿Mi amor?
La madre de Evangeline lo ayudó a darse media vuelta, con cuidado de no desconectar el tratamiento intravenoso de su brazo, y la sangre comenzó a salir de manera alarmante.
—¡Auxilio! ¡Auxilio! ¡Por favor! ¡Ayuda!—, gritaba Eva Sunset con desesperación