Capítulo 108.

—No puedo hacer esto, Taylor. No puedo corresponder a lo que sientes ni a este momento—, dijo Alana, apartándose bruscamente del beso mientras sus pies se hundían en la arena húmeda.

La respiración de Taylor era errática. El calor del contacto aún quemaba en su piel, y verla retroceder con esa expresión de pánico lo golpeó más fuerte que cualquier ataque físico que hubiera recibido en su carrera.

Se quedó allí, con los brazos vacíos, mientras el sonido de las olas parecía volverse más ruidoso,
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