Nathaniel avanzó con paso firme y se sentó frente a él sin pedir permiso. —Sé lo que hiciste. Sé que ya tienes la sentencia redactada. El divorcio será concedido sin permitirle a Elena siquiera defenderse. Y que piensas entregarle el niño a Amadeus apenas nazca. ¿Cuánto te ofrecieron, Alaric? ¿Dinero? ¿Silencio? ¿Una nueva casa en las colinas?
El juez tragó saliva. Su rostro palideció. —Nathaniel… no entiendes lo que está en juego. Amadeus no acepta un no. Tiene pruebas, argumentos, y el respal