POV VITTORIA ROMANOVA
No sé cuánto tiempo estuve sentada viendo el vacío, con la mano presionada contra mi pecho como si pudiera sujetar los latidos de un corazón que amenazaba con romperse. Me dolía tanto que la respiración se me acortaba por momentos; tenía que recordarme a mí misma, con un esfuerzo agonizante, que debía inhalar con fuerza. Que estaba viva. Que, en este preciso instante, no había nada en mi habitación que me provocara la muerte.
Pero convencer a mi cuerpo estaba resultando