POV VITTORIA ROMANOVA
—Ya no eres su esposa —me susurré a mi reflejo—. Ya no eres nada de él.
Y aun así, el corazón me traicionó. Porque, aunque estuviera a miles de metros de altura, todavía podía sentir sus manos en mi cintura. Todavía podía oírlo llamarme "suya" con esa voz profunda. Me pregunté si ya se habría dado cuenta, si habría entrado a nuestra habitación y encontrado el vacío. Si sintiese rabia... o pérdida. O si simplemente llamase a Katya.
Ese pensamiento fue el que terminó de romperme.
Regresé a mi asiento, envuelta en cachemira, temblando mientras las luces de Nápoles brillaban abajo, prometiendo un refugio que no sabía si merecía. Iba a casa, pero una parte de mí se había quedado en Moscú. Muerta. En un gimnasio lleno de sangre y secretos.
—Voglio solo essere libera... —susurré cuando las ruedas tocaron la pista—. Solo... libera.
Aunque sabía la verdad. En la Mafia, la libertad siempre se paga con sangre. Y yo acababa de firmar el cheque con mi huida.
La pista de aterr