Myriam frunció los labios, hizo un puchero, tomó su bolso y abrigo, antes de salir con su esposo, ambos se acercaron a la habitación de Tony, el pequeño estaba dormido, y Anne se iba a quedar a cargo.
—Cualquier cosa nos llamas —advirtió Myriam.
—No te preocupes, queda en buenas manos —respondió Anne.
Gerald acarició la cabeza de su hijo.
—Estaremos pendiente de cualquier cosa —le dijo a su ama de llaves.
Ella asintió y enseguida la pareja salió de la casa, el chofer les abrió la puer