Kevin llegó a Peoria en horas de la mañana, y luego de encargarse de lo que le había encomendado Gerald, se dirigió a la casa de Silvia Neira. Tocó a la puerta, pero nadie salió.
Entonces unos vecinos al ver al elegante hombre le informaron que la mujer acostumbraba a llegar en las mañanas. Kevin ladeó los labios, y siguió esperando.
Un par de minutos después notó que la madre de Myriam apareció, se tambaleaba un poco.
—¡Es ella! —exclamó y avisó a los hombres que la acompañaban.
De inm