Las puertas del elevador de las oficinas de industrias Lennox se abrieron, de él salió una elegante y atractiva mujer, de largas y esbeltas piernas, cintura estrecha, caderas firmes. Era alta, distinguida, caminaba con garbo y seguridad.
Los labios de varios empleados se abrieron en una gran O al verla pasar. Iba enfundada en un corto vestido de gaza tipo sastre verde, sus pies calzaban unos botines de gamuza negros, llevaba un abrigo de paño encima.
—Buenos días, busco a Gerald Lennox, soy