Los labios de Myriam se abrieron en una gran O, miró como su esposo se llevó las manos a la cabeza, contrariado.
—De todas las veces que me has dejado en ridículo, esta ha sido la peor —gruñó respirando agitado.
Myriam rodó los ojos, frunció los labios.
—Tú tuviste la culpa, por andar de coqueto —rebatió—, Amanda me dijo que te vio muy feliz cuando ella te cantaba al oído —gruñó.
Gerald inhaló profundo, presionó los labios.
—Así que Amanda te dijo eso, y tú le creíste —enfatizó y la m