Luego de compartir ese momento íntimo en la alcoba del avión, un par de horas después desde la cabina solicitaron colocarse los cinturones de seguridad y avisaron que estaban sobrevolando la pista del aeropuerto del Cuzco en Perú.
Myriam abrió sus ojos con amplitud, y se llevó la mano al pecho.
—¿Cómo lo supiste? —indagó lo observó con la mirada brillante.
Gerald se aclaró la voz.
—Tiene sus ventajas el hecho de que mi mejor amigo, se acueste con tu mejor amiga —indicó.
Myriam soltó u