No creo alguna vez haber sentido lo que las caricias de Damián me provocan. Cada toque de sus manos es como si descubriera una nueva zona de placer. Sus manos me desnudaron en un abrir y cerrar de ojos. Tampoco obtuvo mucha resistencia de mi parte.
—Eres hermosa Cara—susurra con voz ronca Damián mientras su mano desciende por mi vientre, aterriza entre mis piernas haciéndome sisear. Una de sus manos toca mi sexo mientras la otra acuna mi pecho desde atrás.
—Damián—murmuro dejando caer mi cabez