Dos meses después
—No. No. Esas no van cariño—digo a Massimo que me fulmina con la mirada.
Estamos en nuestra sala en pijama armando el Belén para noche buena. Como es costumbre todos los ocho e diciembre es el día de decorar la casa para el día de navidad.
Este es nuestro tercer año haciéndolo y aun mi esposo no sabe cómo me gustan las luces en el Belén.
—A ver amore—dice con paciencia que claramente no tiene—así se ve mejor, pero tu insiste en que no—me dice poniendo las manos en sus caderas