Miro todas las cosas, sin poder entender cómo lo compró o si el amigo no se enojará porque Adriano usó su tarjeta de este modo derrochador. Giro mi rostro, antes de que él se vaya.
―Adriano ―Le llamo. Él me mira con esos ojos que me roban un suspiro―. ¿Cómo pagaremos esto? Creo que será mejor que devolvamos las cosas y solo me quedaré con el vestido que escogí.
Corta la distancia.
―¿Por qué quieres devolver las cosas que te estoy dando?
―No puedo pagar esto.
―Ya está pagado, yo lo pagué ―dice, s