Después de todo lo que hemos pasado. Como si hubiésemos atravesado el infierno para llegar hasta aquí. No creo que se equivoque.
—Sí —susurro. Echo la cabeza hacia atrás y cierro los ojos.
Vuelve a ocupar la boca con sus crueles menesteres.
Sella los labios, calientes, sobre el pequeño y tierno botón sobre mi sexo y me introduce dos dedos, con los que presiona mi pared frontal.
Me aprieto contra su boca con una súplica incomprensible, delirante de un placer que me abrasa las venas.
James e