Stella
Sus ojos se encienden y luego me besa como si yo fuera el aire que le hacía falta, como si su vida dependiera de ello, y creo que la mía sí. Sus dedos se deslizan bajo mi ropa interior y acarician salvajemente mi sexo húmedo, provocando que un gemido se me escape de los labios. Es como si tuviera electricidad en las manos.
—Estás muy suave. —Me besa más y sus dedos tocan y juegan con mi sexo, intensificando el dulce ataque del placer. Entierro las uñas en su hombro y mi espalda se arqu