El día le pasa a Stella volando y, cuando se fija en el reloj, son casi las seis de la tarde.
“No, no, no, no puedo creer que se me haya hecho tan tarde” —se riñe a sí misma pensando en la cena que tiene esa noche con James— “Ahora no tendré tiempo para cambiarme.”
—Ese sitio es muy elegante —le recuerda Gaby cuando la escucha.
—La invitación fue inesperada, no hay nada que pueda hacer.
Sin perder más tiempo, Stella sale del trabajo y, unos minutos más tarde llega al restaurante donde James la