-¡Que me la des!- La mujer se precipitó hacia adelante, y Leónidas retrocedió chocando contra el grueso tronco de un árbol. Cielo lloró con más fuerza, su rostro se había puesto rojo y su llanto se había llenado de pequeños hipos. -Dame a la niña niño malcriado…No sabes de lo que soy capaz.
Los ojos de Hera parecían los de un demonio sediento de sangre. Leónidas miró hacia todos lados, no veía nada más que árboles por todos lados. No recordaba por cual lado habían camino, no se escuchaba la rut