-¡Que te calles!- Gritó la mujer sosteniendo a la bebé de un brazo y agarrando a Leónidas con el otro con más fuerza de la necesaria- ¡Tú! ¡Arriba!- dijo nerviosa, mirando hacia todos lados sintiéndose perseguida.
Leónidas se mantuvo en el suelo, haciendo peso muerto y soportando todo lo posible.
“Si tan solo pudiera mantenernos aquí por un tiempo más…”
-O te levantas, o te dejo aquí en medio del bosque, niño- Lo amenazó.-¿Eso quieres? ¿Quieres que te coman los animales mientras me llevo a