Dionisio recorrió todos y cada uno de los hospitales y clínicas de la ciudad y en ninguno estaba ingresada su esposa. Era imposible, estaba seguro de que esa maldita mujer había dado a luz al niño, no pudo hacerlo sola.
-Más le vale que no me esté mintiendo- Le advirtió a la recepcionista del último hospital a la redonda- ¡Porque sino los voy a demandar a todos! ¡Nada va a quedar de este mugroso hospital si me entero que mi esposa estuvo aquí!
Los guardias de seguridad se acercaron amenazante