-Señor, ya le dije que esa información es confidencial, no puedo proporcionársela.- exclamó nerviosa la recepcionista.
-Ya le dije que es mi esposa- gruñó con frustración, golpeando con fuerza la mesa.
-Aún así, debería presentarme algún documento para constatar que realmente es su esposa.
Dionisio sonrió de forma inquietante- Entonces si está en el mugroso hospital…
-Señor… le pido que por favor…
La mujer cerró su boca al ver el gran fajo de billetes que el hombre depositó sobre la mesa