Chiara Bellini.
Enzo rodeó la silla de cuero frente a mi escritorio y se sentó con una lentitud irritante, cruzando las piernas como si aquella oficina corporativa fuera simplemente otra extensión de sus dominios.
Rodeé el escritorio de nogal y ocupé mi lugar en la silla giratoria, intentando utilizar el mueble como una barrera física entre nosotros. Abrí el primer cajón, buscando las carpetas de rendimiento del último trimestre.
Solo quiero que tome esos papeles y se vaya de aquí para que pue