Luciana se despertó con la cabeza palpitando de dolor, cada latido parecía intensificar el malestar que la noche anterior había dejado en su cuerpo. A medida que la bruma del sueño se despejaba, los recuerdos comenzaron a invadir su mente como una marea implacable. Primero, el mareo. Luego, la terraza del bar. Y finalmente, el beso. El beso que, por error, había dado a Christopher en lugar de a Santiago.
La culpa y la vergüenza se apoderaron de ella al recordar cómo sus labios se habían unido