Perdoname, papá.
Christopher llegó a su casa destrozado. Sus padres, Rodrigo y Elizabeth, ya estaban allí. Elizabeth, al ver a su hijo deshecho en lágrimas, sintió un golpe en el pecho. Hacía años que no veía a Chris llorar de esa forma.
—¿Qué pasa, cariño? Tranquilízate —le dice Elizabeth mientras se acerca con preocupación en la mirada.
—Mamá, papá, soy un idiota… tenían razón en todo —confiesa Chris, su voz rota por la angustia.
Rodrigo, siempre distante en su relación con su hijo, se sintió desconcert