Luciana despertó completamente desorientada, con un fuerte dolor de cabeza que nublaba sus pensamientos. Apenas podía recordar lo que había sucedido antes de ser secuestrada, y al intentar moverse, sintió la presión de las cuerdas que la mantenían atada a una silla. Su cuerpo estaba rígido, y el frío del lugar la envolvía, aumentando su incomodidad. Al levantar la mirada, se encontró con un hombre rubio que la observaba con una sonrisa torcida, su mirada recorriéndola de arriba a abajo como si