Elizabeth Romano
Finalmente, cuando tomé la decisión, con el corazón latiendo en mi pecho como un tambor, le envié un mensaje a Raúl. Sabía que no había vuelta atrás.
—Me iré contigo —tecleé con manos temblorosas, sintiendo cómo una oleada de desesperación y miedo me invadía.
No tardó en responderme. Apenas unos segundos después, mi teléfono vibró y la pantalla se iluminó con varias fotografías. La primera era del último cumpleaños de Santi, su sonrisa pura e inocente brillando mientras sop