La tercera en discordia.
Luciana se levantó temprano, el sol apenas comenzaba a asomarse por la ventana, tiñendo la cocina con suaves tonos dorados. Se dirigió al comedor, donde su madre, Ximena, ya estaba preparando el desayuno. Era su día especial para compartir, y a Luciana siempre le alegraba pasar tiempo a solas con ella.
—Cariño, te noté estresada —dijo Ximena, sirviendo un poco de café en su taza—. ¿Qué te ocurre?
Luciana se encogió de hombros, intentando restarle importancia a sus pensamientos.
—No es nad