Gala se encontraba en la mansión de los Montalbán, sintiéndose un poco fuera de lugar a pesar de que Elizabeth le había ofrecido refugio mientras intentaba localizar a su único familiar con vida, un tío que había estado perdido durante años.
Estaba recostada en la cama, rodeada de paredes de un tono cálido y decoradas con elegantes cuadros. Sin embargo, su mente estaba lejos de la belleza del entorno. Los nervios le oprimían el pecho. Raúl tenía a Montserrat en sus manos, y si no hacía lo que