Luciana estaba agotada por su día de trabajo, pero Santiago le había insistido tanto en que se vieran, que finalmente aceptó darle solo una hora para hablar. No quería arruinar una amistad de tantos años, aunque algo en su interior le decía que esa reunión cambiaría las cosas para siempre.
Justo cuando estaba a punto de caminar hacia el ascensor, sintió una mano firme que la tomó del brazo. Al girarse, se encontró con Christhopher, y antes de que pudiera decir algo, él la levantó rápidamente,