Luciana caminaba por la playa con la mirada perdida, buscando un taxi que la llevara de vuelta a la mansión. Las lágrimas seguían rodando por sus mejillas, y el frío de la noche se clavaba en su piel. Salió del bar en medio de la desesperación, con el corazón roto y solo la pequeña cartera que había logrado llevarse en su apuro.
El sonido de las olas se mezclaba con los sollozos que trataba de ahogar, y su mente estaba tan nublada que apenas notó cuando su teléfono vibró en su bolso. Lo sacó