Luciana estaba tranquilamente sentada en el sofá de su departamento, riendo mientras revisaba su celular. La luz suave del atardecer iluminaba la habitación, y el ambiente se sentía cálido y acogedor. Sin embargo, esa calma se interrumpió abruptamente cuando Christhopher entró, su rostro marcado por la frustración. Sin previo aviso, se acercó a ella y le arrebató el celular de las manos.
—¡Hey! —exclamó Luciana, sorprendida y ofendida—. ¿Qué te pasa? ¡Devuélveme mi celular!
Christhopher comenzó