Luciana no entendía en lo más mínimo la actitud de Gala el día anterior, pero decidió no prestarle demasiada atención. Sabía que tenía que enfocarse en su futuro y en su hijo. Ahora se encontraba en la oficina de Santiago, quien le había pedido hablar con ella de manera urgente. Al entrar, notó que él se veía raro, demasiado raro.
—Gracias por venir, Lu —dijo Santiago, su voz algo apagada, mientras cerraba la puerta detrás de ella.
Luciana lo observó con una ligera sensación de inquietud. Santi