Nos alejamos de los Larraín hacia el bar. Necesitaba algo en las manos para no temblar.
—Champán —le dije al bartender.
León pidió whisky. Nos quedamos ahí, de espaldas al salón, procesando.
—¿Cómo te sientes? —preguntó.
—Extrañamente... bien. Pensé que vería a Diego y me desmoronaría. Pero no sentí nada.
—Eso es bueno.
—¿Lo es? ¿O significa que estoy rota?
—Significa que superaste algo que te lastimó. No todas las heridas dejan cicatrices permanentes.
Bebí mi champán. Era bueno. Caro. Todo en