Roma nos recibió con caos y sol.
Después de la quietud elegante de París, el ruido de Roma fue un golpe físico. Bocinas. Vespas. Conversaciones a volumen de discusión que resultaban ser solo conversaciones normales. Gente moviéndose en todas direcciones con la urgencia de quien tiene mil años de historia que atender.
León me miró cuando salimos del taxi frente al hotel.
—Diferente —dije.
—Completamente diferente.
—¿Te gusta?
—Me gusta todo lo que te gusta a ti —dijo, y lo dijo con tanta natural