Martes por la mañana, segundo día del juicio, desperté más tranquila que ayer, aunque sabía que hoy sería emocionalmente devastador de forma diferente porque Marcela testificaría sobre su papel inadvertido en la muerte de mi padre.
Habíamos hablado sobre esto muchas veces en los últimos meses, sobre cómo perdonarla, sobre cómo ella se perdonaría a sí misma, pero decirlo en tribunal público era otra cosa completamente.
León me sirvió café mientras Héctor preparaba tostadas.
—¿Cómo dormiste?
—Mej